Ya sé para la próxima vez que no debo hacer nada fuera de lo común, porque sino me alejaran de todo lo que amo, de mi ciudad, de mis amigos, de mi novio Eliot y de todo, durante todas las vacaciones del mundo.
Mi padre tira mis 3 maletas llena de ropa al maletero, es significa, que si, que en realidad si que me voy y que no es un sueño todo esto que está pasando. Que pena. Ya podía ser un estúpido sueño.
Abrazo fuerte a mi amiga y después a mi novio.
-Eliot, te voy a echar de menos.
-Si puedo, iré y te veré.
-No creo que te dejen ni tus padres, ni los mios, pero si los consigues convencer, salvame de ese horrible lugar -me aferro a su torso.
-Si, ya sé que odias los bichos, el barro, todo lo que sea de monte.
-Tiene gracia -suelta Candy- tu familia es de allí y le encanta eso, pero en cambio, atí no. Lo odias.
-Porque ella no se ha criado allí, Candy -Eliot posa sus ojos azulados en los castaños de Candy.
-Exacto, ellos están acostumbrados a aquello porque se criaron allí - digo.
Suena el claxón avisandome de que me tengo que dar prisa y debo partir.
-Bueno, miralo por el lado positivo cariño. Nos veremos dentro de 2 meses y medio - me besa.
-Es mucho -digo entre el beso. Acaricio su nuca y le dejo un leve pico sobre sus finos labios.
-Bueno, llámame eh, ______ -me abraza.
-Y tú amí. Ya me contarás que tal las fiestas por aquí. Seguro que son más entretenidas que las de allí -me quejo y suspiro abrazando fuerte a mi amiga.
-Nunca no han separado en unas vacaciones, espero que lo pases bien.
-No, eso no pasará -les doy un último abrazo y me monto en el coche.
Miro por última vez a Eliot y a Candy y me coloco los cascos, pongo música y me caigo en un profundo sueño cuando el motor del viejo coche familiar, arranca llevandome lejos de todo.
Abro los ojos lentamente. Ami alrededor, solo veo árboles. Es una carretera llena de piedra y arena, y tristemente solitaria.
-¿Mamá?
Gira su cabeza y me mira.
-¿Qué pasa cielo?
¿Ahora viene con los cielos? ¿Después de todo lo que me ha echo? Bueno, no puedo estar enfadada con ella toda la vida, pero aún así, esto no se lo perdonaré nunca.
-¿Cuánto queda? -froto mis ojos.
-Poco.
-¿Cuánto tiempo llevamos viajando?
-6 horas -vuelve a mirar hacía delante.
-¿6 horas me he llevado durmiendo? Pero vamos a ver, ¿dónde está eso? ¿Perdido en el otro lado del mundo?
Mi padre me mira mal por el retrovisor.
-Perdón. Me parece raro. Además de que me estoy muriendo de hambre...
Mi madre saca un bocadillo de una mochilla que tiene a sus pies. Le quita el papel de plata y me lo da. Lo acepto y asiento con la cabeza en señal de que le estoy dando las gracias.
-______, hemos llegado. Despierta hija.
Bostezo y me estiro antes de abrir los ojos. Cuando los abro el sol no me deja ver bien donde se supone que estamos. Pongo mi mano delante de mis ojos y me siento en el asiento con las piernas hacía afuera, lista para bajar.
-¿Estás bien? -dice mi madre un poco preocupada.
-No preguntes, sabes la respuesta -susurro.
Ella suspira y se echa a un lado para que baje. Bajando de un salito una corriente de tierra vino hacía mi y me levanto un poco la falda, pero mis reflejos me salvaron e hicieron que la bajara rápidamente. Me acerco al maletero y busco por una de mis maletas mis gafas marrones de sol. No había cogido bolso por lo dormida que estaba.
Me las coloco y miro a mi madre, después a mi padre y a los pocos segundos me dí cuenta de que no estabamos solos. Una pareja nos espera enfrente de una casa. Sonríe al ver que estamos bien.
-¡Cuánto tiempo, Mandy! -esa mujer bajita, de pelo castaño atado a una coleta de caballo, abraza a mi madre. No le veo bien la cara ya que tiene algunos pelos delante de ella.
-¡Mucho tiempo! -le sigue fuerte el abrazo.
-¡Tío! ¿Qué tal todo por la ciudad? -un hombre con una camiseta de asillas blanca y pantalones azules marinos gastados y sucios, estrecha la mano con la de mi padre. Después rien y chocan los puños.
-Ya sabes, mucho ruido de coches y todo lo demás bien.
-¿Y el negocio? -arruga la nariz y sube con su dedo índice sus gafas de sol.
-Perfecto. Todo va muy bien.
De repente todo se queda en silencio y los 8 ojos se centran en mi y solamente en mi.
Me empiezo a poner nerviosa, mi cuerpo se estremece y mis piernas tiemblan. Odio que me miren todos a la vez. Pasando una mirada por mi cuerpo por si tenía algo que le llamara la atención, no me topé con nada.
-Que grande está. ¿Cuántos años tiene ya, Mandy? -mira a mi madre por unos segundos y me vuelve a mirar, se pasa sus pequeñas manos por su mono azul clarito, aunque manchado y se acerca amí -soy Pattie. Una vieja amiga de tú madre. ¿Nunca has estado por aquí verdad? -sonríe. Tiene una bonita sonrisa, unos blancos dientes y un perfil precioso.
-Niego- Nunca me gustó esto de estar por el monte manchandome todo el día -pongo mala cara, pero rápidamente me doy cuenta de que ellos siempre vivieron aquí y sonrío- es un placer, Pattie. Soy, ______.
-Lo sé, hace mucho que no te veía. No te acordarás de mi, porque cuando te ví, tenías 2 añitos y medio -me abraza.
-Si que hace mucho.
El hombre con el que mi padre estrechó la mano y habló de negocios hace unos segundos, se acerca ami y le quita un trapo que tiene Pattie en el bolsillo del centro de su mono. Se limpia las manos de grasa y coge la mía. La siento aspera y seca. Creo que a este hombre le vendría bien un bote de crema. Besa mi mano y me sonríe.
-Soy Jeremy -suelta mi mano dejandola caer y lleva la suya encima de su frente tapando el sol.
-_______ de la Fuente, aunque ya me conoces.
Él asiente.
-¿Has visto a...? -mira Pattie a su marido.
-No. No lo ví desde el almuerzo.
¿Quién será del que están hablando? No entiendo nada. ¿Porqué los adultos tienen que hablar de alguien sin decir quien es o como se llama? Son raros.
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